miércoles, enero 17, 2007

Patética muerte te espera

No se mató por patético. Pincho su muñeca blanca y luego de un segundo de suspenso una pequeña gota roja broto entre sus poros. Las luces del atardecer del domingo jugaban entre la cortina colorada que había traído de su vieja casa. Su mamá se la había lavado pero siempre parecía sucia. El tercer domingo que pasaba sólo ahí. Momento de matarse. Desangrarse sobre el piso, que el líquido brotara por su cuerpo y llegase hasta la puerta alertando posteriormente al vecino. Matarse para llamar la atención. El lo sabía. Era lo que quería. Le parecía romántica la idea. Pero enseguida, una sensación de vergüenza. Patético. Se sintió patético. Una vida acabada sin nada para decir. Idiota, pensó. ¿Cómo se puede ser tan idiota?, dijo. Si, era verdad. Todos sus ídolos se habían suicidado. Todos ellos habían dejado el mundo en forma trágica. Pero habían dejado algo. Algo quedó después de ellos. De alguna forma, ellos quedaron a pesar de su muerte. ¿Y él qué? Nadie lo había leído. Nadie nunca lo había leído. Sus papeles estaban ahí. Cualquiera los vería al ingresar. Su madre sería incapaz de no revisar sus cajones ante su muerte. Su prima leería todo lo que él había escrito. Alguien le alcanzaría esos papeles a un editor. Alguien vería el negocio: 'joven, lindo, romántico y artista; alma atribulada que dejó el mundo sin poder alcanzar su eterno esplendor'. Pero nada decían esos papeles sobre su vida. Sólo una persona en el mundo sabía que él era gay, y esa persona vivía en España. Era necesario que se sepa toda la verdad sobre su vida. No soportaba la idea de seguir tan en penumbras incluso después de muerto. Alguien tenía que saber más sobre él. Qué idiota que había sido. Le ganó el romanticismo. Que patético que se sintió mientras levantaba la gillette de su muñeca. Idiota. Tarado. Pensó en las cosas para hacer antes de cometer intento de suicidio nuevamente: hablar con su madre, tenía que decirle sobre su homosexualidad. Coger. Tenía que coger más. Sólo había tenido dos experiencias y las dos no muy buenas. ¿Alguien debería morir por motus propio sin antes haber sido penetrado como dios manda? Una vida sería demasiado injusta para aceptar la muerte de esa forma. Tenía que escribir mucho más. Cualquier editor de medio pelo se reiría sin parar al leer los cuatro o cinco párrafos salvables de la interminable cantidad de pelotudeces que había escrito en sus tiernos 21 años. Tenía que vivir un poco más para poder escribir sobre eso y luego suicidarse sin tanta culpa. Sería horrible caer al piso desangrado y notar como la vista se nubla mientras se piensa en todo lo que no se hizo. Vivir y luego morir, pensó. Simple y menos patético.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Juanito! estas muuuuuy loco, pero me encanta como escribis!
Beso,
Mati.
P.D.: mepa que soy tu unico fan, no veo demasiados comentarios, eso me da un lugar de privilegio, acordate!

6:21 p. m.

 
Blogger Tavo said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

6:19 p. m.

 
Blogger Juan Ignacio said...

Perdon tavo, no sé porque figura como eliminado: transcribo el mensaje.

¡Que tal Nacho! Es un gozoso placer tener a otro amigo de la blogósfera. Te agradezco que hayas dejado tu firma en tierra azteca. Trataré de dejar en mi blog un testimonio de la idiosincrácia del Mexicano moderno, pero sobre todo del mexicano gay provincial, porque has de saber México tiene un enorme rezago en cuanto a derecho humanos se refiere y no por culpa del gobierno (tuvimos un gobierno represor por 71 años), sino más bien por culpa del vecino, del amigo, del pariente. Es triste, lo sé, pero el mexicano mismo frena a otro mexicano. Así la cosa por el hemisferio norte. Un fraternal saludo. Seré un fiel lector.

7:20 p. m.

 
Anonymous Anónimo said...

la verdad que este post
me genero ganas de vivir =)

7:34 a. m.

 

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